Criar hijos felices y seguros de sí mismos no se trata solo de lo que les enseñamos—también implica lo que debemos desaprender como padres.
A veces, sin darnos cuenta, mantenemos hábitos que, en lugar de ayudar, terminan perjudicándolos.
Pensamos que los estamos protegiendo o guiando, pero en realidad podríamos estar debilitando su confianza y felicidad.
¿La buena noticia? Pequeños cambios pueden marcar una gran diferencia.
Si realmente quieres criar hijos que crean en sí mismos y se sientan seguros en el mundo, es hora de dejar atrás estos seis hábitos:
1) Siempre intervenir para solucionar sus problemas
Es natural querer proteger a los hijos de las dificultades.
Nadie quiere ver a su hijo frustrado, triste o fracasando en algo.
Sin embargo, intervenir constantemente para solucionar sus problemas envía el mensaje equivocado.
La confianza surge de la experiencia, y la experiencia incluye desafíos y fracasos.
Cuando los niños aprenden a manejar los problemas sin que los rescaten de inmediato, desarrollan resiliencia y confianza en sus propias habilidades.
En lugar de solucionar todo por ellos, intenta guiarlos y apoyarlos, permitiéndoles tomar la iniciativa.
2) Elogiar solo los resultados, en lugar del esfuerzo
Solía pensar que ayudar a mis hijos significaba decirles lo inteligentes que eran cada vez que sacaban una buena nota o lograban algo impresionante.
Como madre/padre, quería reforzar su autoestima y hacer que se sintieran orgullosos de sí mismos.
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Pero entonces noté algo preocupante: cuando enfrentaban algo nuevo y difícil, se frustraban y querían rendirse rápidamente.
Era como si creyeran que, si no eran buenos en algo desde el principio, entonces no eran inteligentes.
Ahí me di cuenta de que estaba enfocándome demasiado en los resultados en lugar del esfuerzo.
Las investigaciones muestran que elogiar el esfuerzo («Me encanta lo mucho que trabajaste en esto») ayuda a los niños a desarrollar una mentalidad de crecimiento—la creencia de que pueden mejorar con práctica y perseverancia.
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Ahora, en lugar de solo celebrar los logros, también resalto el trabajo que los llevó hasta allí.
3) Usar el miedo para controlar su comportamiento
A veces, puede ser tentador recurrir al miedo para que los niños obedezcan—amenazar con castigos, advertirles sobre los peores escenarios o hacer que teman al fracaso.
Pero criar con miedo no construye confianza—genera ansiedad.
Los estudios muestran que los niños que son disciplinados con tácticas basadas en el miedo tienen niveles más altos de estrés y problemas de autoestima en el futuro.
Los niños necesitan límites, pero también necesitan sentirse seguros.
En lugar de usar el miedo, trata de establecer expectativas claras, consecuencias naturales y fomentar el diálogo abierto.
Cuando los niños entienden el por qué detrás de las reglas y las consecuencias, es más probable que tomen buenas decisiones por sí mismos, no solo por temor a las represalias.
4) Compararlos con los demás
Es fácil caer en la trampa de comparar a tu hijo con sus hermanos, compañeros de clase o incluso con cómo eras tú de niño.
Tal vez pienses que señalar el éxito o el comportamiento de otro niño los motivará—pero, en la mayoría de los casos, sucede lo contrario.
Las comparaciones hacen que los niños sientan que no son lo suficientemente buenos tal como son.
Con el tiempo, esto puede llevar a la inseguridad, el resentimiento y la necesidad constante de validación externa.
Cada niño se desarrolla a su propio ritmo y tiene sus propias fortalezas.
En lugar de compararlos con los demás, concéntrate en su progreso individual y en lo que los hace únicos.
5) Exigir perfección
Durante mucho tiempo, cometer errores me parecía un fracaso.
No cumplir con las expectativas—ya fuera en la escuela, los deportes o las responsabilidades diarias—se sentía como algo vergonzoso.
Me tomó años desaprender esa mentalidad, y lo último que quiero es que mis hijos crezcan sintiendo que deben ser perfectos todo el tiempo.
Cuando los niños tienen miedo a equivocarse, evitan tomar riesgos, dejan de probar cosas nuevas y se limitan a su zona de confort.
Pero el objetivo no es la perfección—es el crecimiento.
En lugar de enfocarte en lo que salió mal, pregúntate: ¿qué se puede aprender de esto?
Este enfoque les ayuda a desarrollar resiliencia y confianza en su capacidad para enfrentar desafíos.
6) Minimizar sus emociones
A veces, es fácil restarle importancia a los sentimientos de un niño—decir «No es para tanto» o «Estás bien» cuando están molestos.
La intención puede ser consolarlos, pero lo que ellos escuchan es que sus emociones no son importantes.
Cuando los niños sienten que sus emociones no son validadas, comienzan a dudar de sí mismos.
Pueden reprimir lo que sienten, tener dificultades para expresarse o creer que ciertas emociones son «incorrectas».
En lugar de minimizar sus sentimientos, acéptalos.
Decir algo tan simple como «Veo que estás muy molesto» ayuda a los niños a sentirse escuchados y comprendidos.
Cuando saben que sus emociones son válidas, crecen más conectados consigo mismos y con mayor confianza para afrontar los desafíos de la vida.
La confianza se construye, no se regala
Los niños no nacen confiados—se vuelven seguros a través de la experiencia, el apoyo y la creencia de que son capaces.
Los psicólogos han enfatizado durante mucho tiempo la importancia de la autonomía en el desarrollo infantil.
Cuando los niños tienen la oportunidad de intentarlo, fallar y triunfar por sí mismos, desarrollan un fuerte sentido de autoeficacia—la creencia de que pueden influir en su propia vida.
Deshacerse de ciertos hábitos no siempre es fácil, especialmente cuando provienen de un lugar de amor y protección.
Pero la verdadera confianza no se construye protegiendo a los niños de la incomodidad—se construye permitiéndoles afrontar la vida con la seguridad de que pueden confiar en sí mismos.
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