Todos tenemos esos días en los que nos sentimos improductivos, ¿verdad?
Es una experiencia universal, pero la psicología nos dice que las palabras que nos decimos en esos momentos pueden marcar una gran diferencia.
A menudo, somos nuestros peores críticos y caemos en pensamientos autodestructivos.
Estos pensamientos no solo no ayudan, sino que pueden empeorar aún más nuestra productividad.
La buena noticia es que, al cambiar conscientemente nuestro diálogo interno, podemos mejorar nuestro estado de ánimo y aumentar nuestra productividad.
En este artículo, compartiré 10 frases que debes dejar de decirte cuando te sientas improductivo, basadas en los últimos hallazgos de la psicología.
Pequeños cambios en la forma en que nos hablamos pueden ayudarnos a desbloquear nuestro potencial incluso en los días difíciles.
Vamos a ello.
1) «Simplemente no soy bueno en esto»
Todos hemos estado allí: nos enfrentamos a una tarea difícil y automáticamente pensamos «No soy bueno en esto».
Esta frase puede parecer inofensiva, pero en realidad limita nuestro potencial.
La psicóloga Carol Dweck, de la Universidad de Stanford, explica que este tipo de pensamiento refleja una «mentalidad fija», es decir, la creencia de que nuestras habilidades son inmutables.
Esto nos lleva a evitar desafíos y nos impide crecer personal y profesionalmente.
En cambio, desarrollar una mentalidad de crecimiento nos permite ver los desafíos como oportunidades de aprendizaje.
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Dweck afirma:
«En una mentalidad de crecimiento, las personas creen que sus habilidades más básicas pueden desarrollarse con dedicación y esfuerzo. El talento y la inteligencia son solo el punto de partida.»
Así que la próxima vez que pienses «No soy bueno en esto», intenta reformularlo como:
«Aún no soy bueno en esto, pero puedo aprender.»
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Este pequeño cambio puede marcar una gran diferencia.
2) «Nunca voy a terminar esto a tiempo»
Recuerdo un proyecto enorme con un plazo ajustado.
La presión me hacía pensar constantemente: «Nunca voy a terminar esto a tiempo».
Este tipo de pensamiento catastrofista paraliza nuestra productividad y se convierte en una profecía autocumplida: cuanto más creemos que no lo lograremos, menos probabilidades tenemos de hacerlo.
El psicólogo Albert Ellis, creador de la Terapia Racional Emotiva Conductual, explica que nuestros pensamientos influyen directamente en nuestras emociones y comportamientos.
Él dijo:
«Los mejores años de tu vida son aquellos en los que decides que tus problemas son tuyos. No culpas a tu madre, al gobierno ni a la economía. Te das cuenta de que tienes control sobre tu propio destino.»
Para evitar la sensación de estar abrumado, intenta dividir el proyecto en pequeñas tareas y establecer objetivos alcanzables cada día.
En lugar de pensar «Nunca lo lograré», dite a ti mismo:
«Voy a centrarme en el siguiente paso.»
Esta estrategia puede aumentar tu productividad de manera significativa.
3) «Soy un vago»
¿Cuántas veces te has dicho «Soy un vago» en un día en el que te falta motivación?
Pero aquí está la verdad: etiquetarnos como vagos no solo es perjudicial, sino que suele ser inexacto.
La psicóloga Susan David enfatiza que nuestras emociones son datos, no instrucciones. Ella dice:
«Las emociones son información, no órdenes. Que sintamos algo no significa que debamos actuar en consecuencia.»
Así que, en lugar de decirte «Soy un vago», pregúntate:
«¿Qué está causando realmente mi falta de motivación?»
Puede ser cansancio, aburrimiento o falta de claridad sobre la tarea. Identificar la causa real te ayudará a encontrar una solución.
4) «No estoy hecho para esto»
Al principio de mi carrera, me asignaron un proyecto desafiante y lo primero que pensé fue: «No estoy hecho para esto».
Este tipo de pensamiento se asocia con el síndrome del impostor, un fenómeno identificado por la psicóloga Pauline Rose Clance.
Ella describe este sentimiento así:
«Muchas personas que tienen pruebas externas de éxito siguen sin poder interiorizarlo… Viven con una sensación secreta de ser un fraude.»
En lugar de dudar de tu capacidad, recuerda tus logros pasados y lo que has aprendido.
Reformula tu pensamiento como:
«Este es un reto que soy capaz de afrontar.»
Este pequeño cambio puede aumentar tu confianza y productividad.
5) «Tengo que hacerlo perfecto»
El perfeccionismo puede parecer positivo, pero a menudo nos lleva a la procrastinación, el estrés y el agotamiento.
La investigadora Brené Brown lo explica así:
«El perfeccionismo no es lo mismo que esforzarse por ser mejor. El perfeccionismo es la creencia de que si vivimos, lucimos y actuamos de manera perfecta, podemos evitar la culpa, el juicio y la vergüenza.»
En lugar de obsesionarte con la perfección, céntrate en el progreso.
Cambia «Tengo que hacerlo perfecto» por «Lo importante es avanzar y mejorar.»
6) «Debería estar trabajando más»
Trabajar duro es importante, pero trabajar de manera inteligente es aún más.
La psicóloga Angela Duckworth dice:
«El esfuerzo cuenta el doble. Tu esfuerzo vale el doble que tu talento.»
Así que en lugar de decirte «Debería estar trabajando más», pregúntate:
«Estoy trabajando de la manera más eficiente posible?»
La clave es optimizar tu productividad, no solo acumular más horas de trabajo.
7) «Esto es demasiado para mí»
Cuando una tarea parece abrumadora, divídela en partes más pequeñas.
El psicólogo Neil Fiore recomienda agendar primero momentos de descanso antes de programar el trabajo, para evitar la sensación de sobrecarga.
Cambia «Esto es demasiado para mí» por «Voy a centrarme en el primer paso.»
8) «Este no es el momento adecuado»
Esperar el «momento perfecto» suele ser una forma de procrastinación.
Reformula tu pensamiento como:
«Puedo dar un pequeño paso hoy.»
9) «No soy una persona productiva»
La productividad no es un rasgo innato, sino una habilidad que se puede desarrollar.
La psicóloga Sonja Lyubomirsky afirma:
«Nuestras acciones intencionales tienen un efecto poderoso en la felicidad y la productividad.»
Dite a ti mismo: «Puedo mejorar mi productividad con práctica y hábitos adecuados.»
10) «Debería estar haciendo más»
La psicóloga Kristin Neff defiende la autocompasión:
«Trátate con la misma amabilidad con la que tratarías a un buen amigo.»
En lugar de «Debería estar haciendo más», piensa:
«Estoy haciendo lo suficiente. Cuidarme también es importante.»
Conclusión
Las palabras que nos decimos influyen enormemente en nuestra productividad y bienestar.
Reformular nuestros pensamientos puede cambiar nuestras acciones y, en consecuencia, nuestros resultados.
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