Hablemos de crianza. No siempre es un camino fácil. A medida que nuestros hijos crecen, mantener una relación amorosa puede sentirse como un acto de equilibrio.
La diferencia entre una relación tensa y una llena de amor a menudo se reduce a nuestros comportamientos. Algunas acciones, incluso si tienen buenas intenciones, pueden alejar a nuestros hijos.
Por otro lado, dejar atrás ciertos comportamientos puede abrir la puerta a una relación más cercana y amorosa conforme nuestros hijos maduran.
Ahora, exploremos cuáles son esos hábitos que debemos abandonar.
1) Deja de dar sermones
Ser padres saca a relucir nuestro lado de maestro. Tenemos el instinto natural de dar sermones sobre cada error que cometen nuestros hijos, esperando que aprendan de ellos.
Sin embargo, a medida que crecen, esta forma de educar puede alejarlos en lugar de acercarlos.
Pueden empezar a vernos como figuras autoritarias y molestas en lugar de padres comprensivos y amorosos.
En lugar de dar sermones, intenta fomentar conversaciones abiertas. Pregunta sobre sus opiniones y sentimientos, y comparte los tuyos sin juzgar. Prioriza el diálogo en lugar del monólogo.
Una relación amorosa se basa en la comprensión y el respeto mutuo.
Si queremos fortalecer nuestro vínculo con nuestros hijos a medida que crecen, es momento de decir adiós al modo sermón.
2) No minimices sus emociones
Recuerdo una vez cuando mi hija adolescente llegó a casa molesta por una discusión con su mejor amiga.
Mi reacción inmediata fue restarle importancia y decirle: «No te preocupes, mañana harán las paces».
Pero luego me di cuenta de que esa respuesta no era la mejor.
No la consoló ni le dio la validación emocional que necesitaba en ese momento.
En lugar de minimizar sus emociones, debemos reconocerlas. Es importante demostrarles que sus sentimientos importan, incluso si la situación nos parece trivial.
Ahora, cuando mi hija comparte sus preocupaciones, la escucho, empatizo con ella y valido sus emociones.
Este cambio en mi comportamiento ha fortalecido enormemente nuestra relación.
- The most honest thing Meta could do right now is admit that it is a media company that outsourced its editorial department to unpaid freelancers - The Blog Herald
- A 2026 study of over 2,000 adults suggests difficult relationships don’t just affect your mood — they may be linked to faster biological aging, with family members having an especially strong effect - The Vessel
- I’ve journaled for more than 20 years — here’s why I still think it’s one of the best tools for reinventing your life - Jeanette Brown
3) Suelta la necesidad de control
Como padres, a menudo sentimos la necesidad de controlar todos los aspectos de la vida de nuestros hijos. Queremos protegerlos, guiarlos y asegurarnos de que tomen las mejores decisiones.
Pero el exceso de control puede afectar su confianza y autoestima.
Los hijos que crecen con padres controladores tienden a sentirse menos capaces, menos seguros de sí mismos y menos dispuestos a asumir nuevos retos.
Esto puede generar un distanciamiento en la relación y crear una brecha que se amplía con el tiempo.
En lugar de tratar de controlar cada decisión que toman, debemos guiarlos y permitirles tomar sus propias decisiones.
Esto no solo fomenta la independencia, sino que también fortalece la confianza y el vínculo entre padres e hijos.
4) Evita compararlos con los demás
Es fácil caer en la trampa de comparar a nuestros hijos con sus compañeros, primos o incluso hermanos.
Podemos pensar que esto los motivará a mejorar, pero en realidad, suele generar sentimientos de insuficiencia y resentimiento.
Cada niño es único, con sus propias habilidades, intereses y ritmo de crecimiento.
En lugar de centrarnos en cómo se comparan con los demás, deberíamos celebrar su individualidad y sus logros personales.
Al valorar su singularidad y evitar las comparaciones, podemos fomentar una relación más amorosa y de apoyo con nuestros hijos a medida que crecen.
5) No soluciones todos sus problemas
Hubo un tiempo en que mi hijo tenía dificultades con un proyecto escolar.
Mi instinto fue intervenir y resolver el problema por él.
Sin embargo, me contuve y comprendí que, a veces, lo mejor que podemos hacer no es solucionar sus problemas, sino apoyarlos mientras encuentran sus propias soluciones.
Esta actitud le permitió aprender el valor del esfuerzo y la resiliencia. También le dio el mensaje de que confío en su capacidad para enfrentar desafíos por sí mismo.
Con el tiempo, esto no solo lo fortaleció, sino que también nos acercó, ya que me convertí más en una guía que en una solucionadora de problemas.
6) Abandona el «haz lo que digo, no lo que hago»
Los niños son como esponjas. Absorben todo lo que ven y oyen. Y una de las lecciones más poderosas que aprenden es a través de nuestras acciones.
Si queremos que nuestros hijos sean honestos, amables y respetuosos, debemos modelar esos comportamientos nosotros mismos.
Decirles una cosa y hacer otra envía mensajes contradictorios y puede generar confusión y resentimiento.
Cuando nuestras acciones coinciden con nuestras palabras, podemos construir una relación más auténtica y amorosa con nuestros hijos a medida que crecen.
7) No seas crítico ni juzgador
Uno de los comportamientos más importantes que debemos dejar atrás es el juicio. Nuestros hijos están descubriendo su propio camino en la vida y, como parte de ese proceso, cometerán errores.
Es fundamental que se sientan seguros para compartir sus experiencias con nosotros sin temor a ser criticados o juzgados.
Cuando respondemos con comprensión en lugar de juicio, fomentamos un ambiente de confianza y comunicación abierta.
Esto sienta las bases para una relación más profunda y amorosa con nuestros hijos a medida que crecen.
Reflexión final: todo se trata de conexión
Al final, fortalecer una relación amorosa con nuestros hijos a medida que crecen está profundamente relacionado con la conexión.
No solo en el sentido de compartir experiencias o intereses, sino también en la comprensión, la empatía y la disponibilidad emocional.
El renombrado psicólogo infantil Haim Ginott dijo una vez:
«Los niños son como cemento fresco. Todo lo que cae sobre ellos deja una marca.»
Nuestros comportamientos, nuestras reacciones y nuestras palabras dejan huellas duraderas en nuestros hijos y moldean la relación que tenemos con ellos.
Al despedirnos de los comportamientos que dificultan esta conexión, creamos espacio para más amor, confianza y respeto mutuo.
Como padres, nuestro objetivo no es controlar o moldear a nuestros hijos para que sean quienes creemos que deberían ser.
Es guiarlos mientras descubren quiénes son por sí mismos. Y ese camino es mucho más fácil cuando lo recorremos con amor y comprensión.











